sábado, 7 de enero de 2017

Prisas por dejar algo de mí.

Una compañera me preguntaba ayer si habría algo después,
o si tan sólo quedarían los gusanos.

Preferí el silencio,
aunque no pude evitar decir que la cosa pinta mal.

Imposible escribir nada con la fiebre,
leer,
aunque he visto algún documental,
ese, donde yo era el esclavo hace dos mil años,
en la ciudad del millón de habitantes.
Tendría que morir joven.

 He echado las cuentas y todo se complica.
Tengo cuarenta y ocho años.

Y algo de vergüenza al suspenso existencial.



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