martes, 23 de agosto de 2016

Siento que haya Luna Llena

Deber ser que hay luna llena.

Lo sé por los pelos.
Porque tengo ganas de comerme a cien mil mujeres crudas.
Ganas de ir al bosque.
Arañar la cara a un gigante.
Adentrarme en la ciudad y prender fuego a la noche.

O al menos aullar,

pero que no que se me oiga demasiado, 
no sea que vaya a molestar a alguien.
















Primer mapa: una comedia fantástica

Dicen que hay mucha gente perdida, que no sabe donde se encuentra
ni hacia donde se dirige,

pero eso es porque tenían el mapa falso,
el que les habían dado al nacer,
el de un mundo que no existe.

Si tuvieras un mapa como el mío,
el de la gran carcajada,
sabrías a dónde vas.
Yo lo sé.

Voy hacia un lugar cada vez más angosto, intransitable.
Menos luminoso y sin oxígeno.
Para llegar llegar allá, son precisas pocas cosas.
Un cuaderno a lo sumo,
ligero
que llevar siempre conmigo,
donde escribir ese interminable chiste que es la vida.

Más que nada, para que mientras tanto, me pese menos la existencia.


lunes, 22 de agosto de 2016

Precisiones sobre el hombre menguante

En su pequeñez, logró atravesar los barrotes de la cárcel.

Se alimentó durante algún tiempo de las migajas que caían de arriba,
como del cielo.

Sacó algunos billetes del banco por debajo de la puerta.

Y aunque la soledad amenazaba su menudencia,
tenía la esperanza de encontrar algún día a otros como él.

Quizá una colonia de seres insignificantes.






Vacaciones al pasado

Debería sacar el condensador de fluzo del trastero,
y pasar unos días de vacaciones en el pasado.
 
Unas vacaciones en blanco y negro, pero con la piel más suave.
Podría decir a todos a mi vuelta; yo estuve allí.
porque a veces da la sensación de que el pasado dejó de existir.
Mencionarlo es el gran tabú.

Entonces teníamos el mismo espantoso futuro.
Bueno, qué decirles, quizá un poco peor ahora.









domingo, 21 de agosto de 2016

Algunas preguntas

Me pregunto si es que finalmente ganaron los nazis,
si al envejecer cae la productividad,
si los años para el júbilo se alejan en el horizonte.
Me pregunto si los robots devorarán el 40% de los trabajos,
si es cierto que jamás ha existido tanta pasta por ahí, dando vueltas,
reproduciéndose a sí misma, fuera de lo real,

y a todo esto me pregunto por qué Nuestra Señora sigue en el Tártaro,
custodiada por el Gran Titán, el Imbécil, de más de mil millones de kilómetros de altura.

Debe ser que no tenemos sistema nervioso.

Por qué íbamos a sufrir, los blanquitos,
si estamos constituidos de la misma materia que los Otros,
ese estereotipo que nos asusta y excita
y que jamás tiene apetito,

y que muere a millones cada año
sin que se mueva un solo pelo del Gran Titán

Y por lo tanto me pregunto, me vuelvo a preguntar,
¿por qué el Titán querría abrir las puertas para que entre el aire?










sábado, 20 de agosto de 2016

Tarde en la biblioteca

Podría ser yo. Ese, el de la esquina.

El que escribe una comedia fantástica, inconclusa,
en vez de continuar con la asignatura.
O ese otro, el que lee los cómics de Harvey Pekar, sobrecogido.

¿En qué está pensando?

Cómo no prestar atención a las gemelas que a diario acuden
a leer cualquier cosa; pero hoy ha venido sola, por primera vez. 
Nunca la había visto con sus gafas.
Como el chico de tez amarilla.
No puede de ser coincidencia
que el azar le haya traído hasta aquí.

Podría ser yo.
Escribe un instante.
Podría ser esto:

ya son las ocho y media.

A veces resplancezco

A veces resplandezco, y no sé cómo sucede.
Quizá sean estas manos mías capaces de alegrar a los muertos.

Si me piden que les arranque despacio el sudario, lo hago.
Si me ofrecen su comida, no la desprecio.

Me acuesto a su lado.
No pienso en nada.

Unos día me aburro, otros me desconcierto,

hasta que los muertos me expulsan,
me huyen,
no vaya a resucitarles,

lejos del Tártaro,

por temor al beso de las vestales.





El peluquín mágico

Han sido muchas las veces que el azar trajo hasta mí
el misterioso peluquín.
Como el día que apareció olvidado en el autobús,
o al despertar tras una noche interminable y agitada,
junto a mi almohada.

El lugar de las apariciones no es lo importante,
sino que en algún momento del devenir cósmico,
llegó a mi lado,

y me observa atento con sus ojos enormes asombrados,
si es que los peluquines tienen ojos.

El peluquín lo que desea es mi cabeza, o la tuya por ejemplo.
Y yo obedecería si no temiera por mi identidad, por convertirme en otro.

El peluquín lo que desea es mi cabeza, y me promete regalos fantásticos.

Y yo me pregunto a quién perteneció.
Quizá a otros como yo.
Quizá a nadie, porque pasó de mano en mano siempre,

y  jamás nadie se atrevió.








La vida es así:

escribes tranquilamente prosa en el sofá de tu casa,
cuando de repente, un autobús se te cae encima, como caído del cielo.

No es fácil respirar bajo un autobús de la EMT.
Yo me siento algo aplastado.
Sin aire, ustedes lo saben, es difícil pensar.

Caen autobuses del cielo,
cuando lo que yo quisiera,
(por fin, cuando sea mayor de edad)
es que mis autobuses fantasma recorran las ciudad.

Mientras tanto esperar a que llegue el aire fresco,
que se vaya desintegrando esto que me oprime el pecho,
que las sinapsis electrizantes comiencen a chisporrotear de nuevo.






miércoles, 17 de agosto de 2016

¿Cómo estás?

¿Cómo estás?
Yo estoy aquí, haciendo trizas tu alegría.
Quizá arruiné tu existencia.
Perdóname, no lo hice por placer,  
ni si quiera me apetecía.

Se precisan vehículos de ciencia ficción para llegar al curre,
máquinas subterráneas que trasportan mi cuerpo, el pobre,
a través de fascinantes infraestructuras.

No me odies.
A pesar de participar en la destrucción del mundo, yo no quería.
No he quemado ni un solo litro de gasolina en mi vida, lo juro.
Ni siquiera llego a final de mes.

Y cuando desciendas del futuro en tu máquina del tiempo,
tampoco me asombraré.
Aceptaré mis crímenes resignado.
Rendiré cuentas.

Yo, el friegaplatos,

¿quién si no iba a morir por ti?

 

Hola, hombres del futuro

Hola, hombres del futuro.
Disculpad de antemano si es que algún día me encontráis
en los restos de la arqueología.

Quisiera advertiros sobre la verdad,
para que no perdáis el tiempo buscado en el mapa falso:

no busquéis, no,  en las metáforas ni en la ficción.
Las escribí para los otros, los ahora muertos.
Solo algunos contemporáneos las conocieron.

No lo hagáis.
No perdáis el tiempo en lo asombroso 
ni en mi aventura.
Por más que hable de este tiempo,
por más significantes que sean,
allí no se encuentra lo realmente cierto.

La verdad tenía otra forma; la de lo mediocre.
Se repetía siempre, y nunca hablé de ello.
En lo cotidiano, por ejemplo,
en un millón de transportes,  en los viajes del metro,
en mi cuaderno,
en ese run run, el eco de la muerte, siempre acechando desde niño.
Lo real era la búsqueda constante del aprecio,
de mujeres que me revolvieran el pelo,
del minutero, siempre corriendo, más deprisa que yo.
Lo cotidiano era este trabajo que agotaba mi cuerpo,
cada día más pesado.
El aire denso, siempre denso, que envolvía a los de abajo,
y no nos dejaba respirar. 
Ese espejo que me devolvía todos los días un rostro más viejo.
Lo cotidiano era la búsqueda de sentido, de milímetro de trascendencia,
de lo mundano.
Cualquier perturbación podía hacer temblar el suelo.
Cualquier gesto ser la noticia que me arrancara los sueños.
En cualquier momento podía desaparecer, lo sé, como arte de magia,
en un chasquido de dedos.

Y de repente una sombra.
Como si jamás hubiera estado aquí.

Si queréis saber de verdad de cómo era este tiempo;

era lo que a nadie importa

y la soledad siempre llegaba al caer la noche.






 


sábado, 13 de agosto de 2016

El hombre que decidió dar la vuelta al mundo desnudo

 Para dar la vuelta al mundo desnudo no hace falta equipaje alguno,
ni siquiera unos zapatos.
Quizá algo de valor.

¿Comprenderán mis amigos que me iré del gran Mandril,
qué dejaré el trabajo,
el piso sin pagar hasta mi regreso,
si es que regreso,
y quizá no vuelva a verles?

No sé si podrá soportarlo mi cuerpo de hombre.

Me pregunto algunas cosas: 
Si seré inmediatamente detenido, al primer paso.
Si pasaré demasiado frío, en las noches de invierno.
Si al llamar a medianoche a tu casa, me abrirás las puertas.
Quisiera una cama y algo caliente
mientras te cuento mi historia,
¿me la entregarás?
Temo no encontrar fuentes por el camino.
Que las fronteras cierren a mi paso.

Algún día tenía que ocurrir.

Era tal la ansiedad que sentía por dar sentido a mi vida.

viernes, 12 de agosto de 2016

Mi amable familia

Un pequeño resto del futuro que todavía no ha muerto.
Con sus ojos cerrados, se sabe efímera,
en cualquier momento podría dejar de ser,
pero se disfruta a sí misma mientras pueda.

Vacaciones Pagadas, cuanto te echaré de menos cuando me faltes,
cuando caigas al tártaro junto a Mi Amada.

Caerás, lo sé, hermana mía, mí Sanidad Pública,
mi querida Seguridad Social. Sois tan guapas.
Es cierto que nuestra amable familia
ha creado algunos burócratas, pero, ¡bienvenida sea la burocracia!,
si es que sirve para que los abusadores se contengan.

Antes de que os maten a todas,
de que caigáis a las zonas abisales,
de que os desprecien con mentiras y risotadas,

quiero daros las gracias;

qué hubiera sido de mí, si no existierais.

Imagino que miseria brotando de la ciudad como llama fatua.












jueves, 11 de agosto de 2016

Qué regresen los muertos

Regresen todos, no se vayan.

Ya sé que este mundo es demasiado pequeño
para que los muertos resuciten,
pero no se preocupen,
ya encontraremos la manera, quizá apiñados,
para estar todos juntos.

Si es preciso, construyamos mundos subterráneos
de montes fluorescentes y champiñones, 
de inmensos mares, de peces ciegos.
Quizá parezca aberrante, lo sé, pero es que yo quiero estar contigo,
mi muerto. 

Qué importa el escenario,
lo importante es que estemos juntos,
que muero de ganas por conocer el pasado,
por saber quién eras.

Y si es que abrir los ojos, estuviera por siempre prohibido.

Al menos, ay, escríbeme tu libro.















Los robots nunca duermen

Me observa fijamente.

Atento a cualquier detalle, a cualquier gesto,
y sin embargo no sé lo que piensa de mí.
No sé si me quiere,
no sé si es capaz de querer.
Cuando me habla, es como si tuviera ideas propias.
Parece inteligente, mucho más que yo.

Friega los platos mientras duermo la siesta.

Sé que podría romperme el cuello mientras sueño.
Cuando despierto
me tiene preparada una taza de café.

A veces le sorprendo escribiendo en un cuaderno
que yo leo a escondidas,

y que soy incapaz de comprender.

martes, 9 de agosto de 2016

Carcajadas lunáticas

Escucho la carcajada lunática de lo natural
arrastrando continentes, cortando cabezas, explotando mundos.
Debe ser el noúmeno ese del que hablaba Kant, que lo envuelve todo.
El aspecto de la realidad.

Así que dibujo un garabato con barba blanca que me saluda a distancia
y lo enmarco.
Ahora tiene poderes mágicos y lo explica todo. Me sobrevuela.
Me promete un paraíso artificial para cuando me falten las fuerzas:

un piso en un barrio marginal,
un trabajo delirante a cincuenta grados de temperatura.

Y yo me encuentro rodeado siempre
entre la amenaza de lo real y la distopía de la actualidad.

Entre un garabato y un noúmeno sinsentido.
 







domingo, 7 de agosto de 2016

Llamada a la plebe

Era entonces de piel tersa, zampabollos,
el invisible,
refractario al trabajo,
y luditta de corazón.
Qué dulce enemigo de la maquina yo era, y sin embargo nadie lo sabía.
Pasé mi juventud dibujando tebeos, fotografiando el mundo, abriendo los ojos.

Después, caí como los otros en el delirante sueño del trabajo alienado
que se lleva el tiempo, donde uno siempre pierde,
el que te arranca con saña la juventud,
el que me quita el nombre y me convierte en el Otro.
Algún día me llamaré despojo, lo sé.

Larga noche esta, la de los muertos,
donde espero la llegada de Mi Señora, como un milagro.
Moriré sin verla, me temo, atrapada en lo profundo del Tártaro.

Escucho sus voces, avisando a la plebe,

y nadie viene. 

Que sean robots los que acudan a su rescate, qué paradoja.






miércoles, 3 de agosto de 2016

Dices que soy una cucaracha

Que no me oigas, no significa que carezca del poder de la palabra.

Aquí estoy, escribiéndote. Si me oyeras, te hablaría mirándote esquivo a los ojos,
con mi voz quebrada, al borde del llanto.

Que sea negro como las profundidades del Tártaro,
no quiere decir que me apetezca pasar la vida en los infiernos,
deseo, como todos, pasar mis restos en el cielo.

Que te parezca insignificante, no es nada.

Que no me veas, no prueba que yo no exista,
o haya caído en los abismos de lo microscópico;
solo dice que te has vuelto rematadamente loco,
o caminas por el mundo dando palos de ciego.

Me enfrento a ti, al que se hace llamar el hombre,
al que cree que tiene la suerte del alma.

Es cierto.
Posees la bomba atómica.
Resolverlo todo con un simple golpe,
en vez de tomarnos juntos algunos litros de cerveza.
Cosa impensable.

Pobre de ti.
Crees que perteneces al partido de los patricios, mera ficción.

Simplemente te estás desintegrando ante mis ojos.

domingo, 31 de julio de 2016

Sobre la guerra de las cucarachas contra el hombre

He visto una cucaracha enfrentarse a un hombre.

Diminuta e invisible a la mirada,
negra como el Tártaro,
mortal.
insignificante.

Desconozco su rostro, su voz,
su historia.

Nada sé de ella.

Y el hombre durante un instante,
ha sentido miedo.

Nada sé del desenlace. 






martes, 26 de julio de 2016

Si Nuestra Señora nos salvara de aquel

Un simple boli bic azul, puede pesar más que una tonelada,
¿cómo escribir entonces maravillas en el metro,
en este mismo cuaderno,
camino del trabajo?

Y es que las propias ideas, evanescentes,
se hacen densas.
Demasiado pesadas para nuestras mentes.
Apenas pueden moverse un solo milímetro.

Si despierto con mis labios cosidos.
No esperes de mí que puedan brotar frases ingeniosas,
aunque lo esté deseando.
No puedo hablar.
Si acaso responderte con monosílabos.
Siento ser tan aburrido.

Qué difícil es leer una sola palabra.
Qué difícil que mi cuerpo, el muerto, pueda mover un solo dedo,
freír un huevo,
comérselo.

Cualquier chiste es agotador.

Una muralla china se interpone entre las delicias y mi cuerpo.
Aquella simple tecla para alcanzarlas,
se hace una cima inexpugnable.

Ni siquiera siendo el gigantesco Iñaki Perurena,
podría levantar yo un simple metauniverso:
la mota de polvo.
No hay más remedio;  la entropía me irá cercando.

Y yo me pregunto quién es él.
Quién es el diablo que nos roba el tiempo,
que absorbe nuestra la energía mientras dormimos,
que arranca lo mágico a la vida
y destroza nuestros cuerpos para dejarlos por ahí tirados.
¿Quién es?
Debe tener rostro, voz.

Tenemos el deber de señalarle con el dedo,
de revolvernos.
Si lo hacemos, seguro que guardará sus violencias en el bolsillo.

Quizá tengamos que perseguirle,
a pesar de que él corra más rápido,
a pesar de nuestro cansancio.
Dejarle caer al Tártaro.
Cerrar sus puertas para siempre, para que no escape,

y que un coloso enorme, insomne, podría ser cualquiera,
vigile sus puertas.









Descansad

Llegará el tiempo del descanso, esto es, del no parar jamás,
donde el día por fin será de cuarenta y ocho horas.

Imagino que llegado ese día tocaré el violín y lo haré bien.
Podré cantar más allá de lo solitario.
Jugar con los gatos,
dedicar a los otros todo el tiempo que me plazca.

Decir que para entonces habré dejado de someterme a la miseria del trabajo.
Será el trabajo, si es que se le pueda llamar así en adelante, el juegue conmigo,
como un igual.
Ya te digo que para entonces tendremos que cambiarle de nombre.

Espero que cuando llegue ese tiempo,
la vida haya dejado de ser una retahila de sufrimientos,
de necesidad, siempre humillándonos.
La rutina, si es que existe, no será más la obligación,
aquella en la que nos arrastramos.

Podremos vivir sin que nos cerque la entropía.




lunes, 18 de julio de 2016

Semillas de la Renta Incondicional

En una pequeña tienda del barrio, llamada El Futuro, una mujer me espera.

Regala semillas.
Pero las gentes se enfadan y las llama imposibles.

Yo la quiero.
Y guardo sus porvenires en el bolsillo.
Y los dejo caer sin que nadie me vea.

El mañana.

Me apetece verlo algún día, antes de que yo muera.











Las aventuras del coloso en llamas

Vivo como si no estuviera.
Y sin embargo, existe.

A la sombra del coloso,
esperando a que se aparte algún día,
esperando a ese rayo de Sol
atravesando la penumbra continua.

Es tan alto, que apenas puedo ver su rostro.
Por doquier se me revelan signos de su presencia.

Barrios destruidos.
Algunos que otros miles de futuros perdidos.
Algunos pequeños terremotos a su paso,

y su cuerpo en llamas,

esperando a que caiga, sobre los restos del bosque.




miércoles, 13 de julio de 2016

Ser de horchata

Y sin embargo sé que algún día
esos diminutos riachuelos que circunvalan mi cerebro
lo encharcarán todo.

Ese día llegará el Otro,
instalándose definitivamente en mi cuerpo.
Perdido para siempre, sin la palabra.
Un verdadero aburrimiento.

Aplaco mi ira, es verdad, a riesgo de convertirme en horchata,
pero la sombra del iracundo durmiente, siempre amenaza.

Dejadme en el sueño profundo,
no vaya a despertar volcando las mesas,
asustando a las viejas.
Dejadme en mis cosas,
entretenido,
como de horchata,
amable,
haciendo el bien, 
pequeños dulces.

Dejadme que duerma, 
no sea que despierte convertido en Hyde,
ese moralista exigente, afectado por cualquier cosa,

con la cabeza en llamas,
al borde de la hemorragia.





domingo, 10 de julio de 2016

Dices que soy un delfín

Dices que soy un delfín.
Me sorprendo, jamás lo había pensado.

Yo creía que era el mono, aquel que junto a los otros,
iniciaron el camino hacia la razón.
Que dijeron "No",  para empezar,
para tomar el lugar ocupado por el hombre. 

Yo pensaba que era uno de esos monos que quería vivir.
 Que lanzaba signos al aire, para que los del futuro, supieran que yo también existido.

Pero vas y dices que soy un delfín.
Quizá porque me sumerjo en lo profundo y llego a la superficie,
como si tal cosa, sin la sospecha de que jamás he cruzado lo abisal.
Por lo escurridizo.
Porque si me acerco a la tierra firme, acabo muriendo.

Porque las cosas que digo, nadie las entiende.

miércoles, 6 de julio de 2016

Yo tuve una micronovia que brotó de lo etéreo
y me pidió un beso.

Ahora es de átomos, como yo,
como Whitman.
Contiene sistema nervioso,
como Shilock,
¿acaso no sangra?, ¿no ríe?
¿Acaso no debe vengarse?

Ella cree en la justicia divina,
yo ni siquiera creo en la justicia de los hombres,
quizá en otra cosa:

en las formas,
donde no sea preciso matar ni encerrar al monstruo en lo oscuro,
donde las maravillas jamás se oculten en su sombra.



,





Carta de hombre menguante a El País

Cuánto se ha escrito sobre mí,
cuántos bosques cayeron para escribir toneladas en mi contra.

Y ahora, es como si no existiera,
aunque hubo un tiempo en el que fui un gigante.
Caminé algunos instantes a través de las nubes.
Desperté en una pesadilla con la promesa de que era futuro.

De verdad te digo que no sé de donde saqué las fuerzas.
Sin aire,
sin tiempo,
y sin embargo lo moví todo.

Vi como los ojos del desprecio, de repente, un día me tuvieron miedo.
Y ahora es como si no existiera.

Están borrando todos mis pasos,
mi voz,
mi signos, 

 ya apenas se me oye, 

y aunque todavía quedan algunas de mis huellas en estos tiempos,
a veces no sé quien soy.



Llegaron los robots, pero quizá ellos no son el problema.























lunes, 4 de julio de 2016

Ella es técnicamente posible

Dos mil quinientos años de historia te observan,
y sin embargo das vueltas en el círculo de la necesidad sin saber que existes.

Tan solo debías amar al hombre menguante,
aquel que en otro tiempo atravesó las nubes.
Todavía queda algo de su rastro:
retales de descanso, derechos políticos, cuidados,
y algunas perras para cuando el tiempo llegue partiendo los huesos.

Yo creía que del amor entre Mi Señora y el hombre menguante
nacería un ser nuevo,
más amable,
que penetraría por las sendas del futuro liviano,
sin las cargas y los horrores del pasado.

viernes, 1 de julio de 2016

Sueño con invertir las piramides

Por cada minuto que no tengo, los gramos pesan un poco más.

La existencia ahora es más pesada.
Se me cae el libro de entre las manos, pesa quintales,
y se hace el oscuro, los párpados vencen.
El aire ya no es liviano, es carga.

Y todo porque cada segundo se lo ha llevado otro;
El Gran Afanador, que se asoma gracioso entre las nubes.

Por eso soy un demócrata, 
por eso tiro piedras a dios, 
por eso escupo a nuestros representantes.

Sueño con invertir las pirámides,
con volver a atrapar el tiempo,
ser ligero,

con la llegada del gobierno de los pobres libres.










jueves, 30 de junio de 2016

Lo yermo podría ser un buen lugar para el futuro

 No hay descanso, eso toca, no hay descanso,
a pesar de que seríamos algo más amables y felices
cultivando nuestros cuerpos y nuestras mentes. 

Viviríamos hasta los 118 años de edad,

en plenas facultades.

Yo atendería a tus cosas.
De mis dedos brotarían pequeñas maravillas,
alguna delicia,
magias.

Lo yermo podría ser un buen lugar para pasar futuro,
con solo cubrirlo de yerbas.


Y sin embargo, no hay descanso.
No, no hay descanso,
como aquel hombre que plantaba árboles,

como Eleazar Bouffier.

Y el bosque va y  se quema, siempre se quema.
El bosque se quema otra vez.


No hay descanso,
no, no hay descanso.


miércoles, 29 de junio de 2016

Hay una puerta que se abre

Parece como Brigadoom,
como esa puerta que se abre cada dos cientos años,
tras la cual siempre suceden las cosas.

Y pasamos al otro lado,
y el otro lado pasó aquí.
Y en ese flujo nos hacemos más inteligentes.
La igualdad, deja de tener la forma abstracta del futuro,
y comienza a tener pelo.

Vamos y venimos.
Lo que era imposible se parece bastante a ti.
Nuestra Señora, la de la Renta Básica, se aproxima,
sin que nadie la insulte esta vez.

¿Pero por qué todo esto nunca jamás ocurrió?

Quizá algo de temor a atravesar el umbral.
El saber que nunca volveríamos atrás.
Quizá nos aterre ser mucho más guapos, desde luego.
Mover objetos con la mente colectiva.

Pudimos dar un salto cualitativo y evitar el abismo.

Y sin embargo se cerró la puerta.
La cerramos, diría yo.
Aunque bien es cierto que fuerzas poderosas
nos llevaron de la mano.


Y el futuro que pudo llegar a ser,
comenzó a tener un aspecto tenebroso.






domingo, 26 de junio de 2016

La vida tiene que dejar de ser un campo de batalla

La vida tiene que dejar de ser un campo de batalla.

Aunque lo sea.

Aunque estén abiertos muchos frentes.
aunque seamos bombardeados por grandes expectativas,
continuamente.

Es mejor pensar en otros términos.
¿O es que no sabéis que en cualquier caso perderemos la guerra?,

como antes la perdieron vuestros padres y los padres de los padres,

si es que esta existe realmente.

 Es mejor pensar en otros términos, me digo,
en uno más amable o en forma de olvido,
si es que en cualquier caso vendrá el cosmos a devorarnos.
Una palabra nueva,
que designe, en realidad, en qué consiste la vida.

 Quizá sea cuestión de hacer una lista,
de elegir un nombre,

el apropiado.

Y que a partir de ahora todo cambie.
Por una simple cuestión de cambio de perspectiva.

No se trata de retirarse hacia lo falso.

Sino de contemplar la realidad con ojos nuevos,


antes de que universo me absorba como un fideo chino.











Tiene algo que decirme

Todavía estoy asombrado con este toro que habla,

y sin embargo en ningún lugar puedo escuchar sus palabras.
¿Cómo es que a nadie interesan?

Habla en español.
"El idioma en el que me mataban"- Dice.

En ningún periódico aparece su rostro.
Ninguna declaración.
El silencio más absoluto.

Y yo voy en su busca
a encontrarnos en un lugar apartado,
lejos de las miradas y los insultos.

Tiene algo que decirme,
algo que anunciar al mundo.




sábado, 25 de junio de 2016

Caminar por el gran Mandril

El pueblo se merece unos pies.

Porque con los pies, mera apariencia del ir despacio,
se viaja mucho más deprisa que en avión supersónico.

Y mientras llegamos,
podremos entretenernos con cualquier cosa por el camino.
Beber agua de la fuente, por ejemplo.
Porque cuando vuelvan los pies, volverán las fuentes.

Holgazanearemos en la sombra, si nos apetece.

Porque desde que el pueblo no tiene pies,
cada día hay menos árboles y soportales por donde pasear.

Tendremos pies de nuevo cuando vuelvan los árboles.

Entonces podremos ir juntos.
Nos os dais cuenta que desde que el pueblo no tiene pies, 
estamos todos más solos y separados.








A pesar de que votar no garantice nada, tengo que hacerlo



Sin brazos, no puedo hacer nada.
¿Cómo tocarte?
¿Cómo construir un territorio de delicias con retales de sueños,
si no puedo coserlos?

Sin ojos no puedo verte.

Vivir siempre con esa mirada monocromo sobre las cosas
me aleja de la realidad.
Y lo que quiero es conocerla, por muy fangosa y pringosa que sea,
para convertirla en algún momento, en ese lugar suave donde merezca la pena el vivir,
en vez de escapar.

Porque apenas queda tiempo.
Porque han aparecido mil desastres en el horizonte.
Que se acercan.
Por si hay que tomar alguna medida urgente,
ahora que al aire le ha dado por escapar de la biosfera.






miércoles, 22 de junio de 2016

La vida podría ser esto

Lo que veo es un montón de gente confusa
yendo de un sitio a otro,
sin llegar jamás a ningún lado.

Estoy aquí, entre el gentío.
Trato de mirar con distancia los sucesos de la época,
pero la corriente me arrastra, como a todos,

rebotando aquí y allá,
como esas bolas de pinball.

Ahuyentando siempre la muerte con trucos:

que si te amo,
que si duermo en tu cama,
que si ha llegado el día de la siembra,
que si nos hacemos inmortales,  escribiendo canciones para los del futuro,
que todavía no existen.

Como una de esas bolas de pinball.

Comienza la partida, a sacudidas,.
Hasta caer, a velocidad supersónica, por el mismo centro del juego,
donde acaba.

La vida podría ser esto, quizá.
O por suerte ser otra cosa.





martes, 21 de junio de 2016

Moriré en el año 2086

 Si mis cálculos son correctos, moriré en el año 2086,
en plena actividad, física, síquica y sexual.

Imagino que para entonces, no será preciso escribir poesía a escondidas.
Ya habré perdido la vergüenza,
y mi manual de instrucciones, por fin estará concluido.
Quién quiera podrá leerlo.

Envejecer es una opción política, 
pero después de tanto tiempo respirando,
me pregunto cuanto habré vivido.

¿Veinte años?
¿Diez?
¿Cinco?

Es seguro que me hará corta la existencia.
Como un helado de pistacho.

Envejecer es una opción política-. Me digo de nuevo, por si acaso me atreviera
a hacer algo, algún día, con estas palabras








Estar tranquilo.

Estoy tranquilo a pesar de todo.

A pesar de ese ovillo enmarañado,
gigantesco,
que gira sobre sí mismo,
y se mueve, voluptuosamente.

A veces se aleja,
otras se acerca.

Y yo puedo caer allí, en cualquier momento,
si es que no estoy atrapado, ya,
como en una nube de algodón dulce.










lunes, 20 de junio de 2016

Para cuando tenga que volver hacia atrás

Cabe la posibilidad de que los muertos resuciten,
que rejuvenezcan,
que el tiempo algún día, vuelva.

La posibilidad de que los objetos rotos se recompongan.
Que el pasado se convierta en el tiempo futuro, que me espera.

Se trata de no quemar la tierra a mi paso.

Por si acaso.
Por si acaso tengo que volver recorriendo mi existencia de nuevo,
pero en sentido contrario.

Me apetece encontrar jardines,
alguna delicia,
yerba, para tumbarme un rato a la sombra,
durante mi camino de vuelta.

No lo quemé todo.
Dejé algunos senderos,
fuentes.
Apenas existe odio a mi paso.
Pocos enemigos.

Así que ahora puedo volver.




 








domingo, 19 de junio de 2016

Viajar a la velocidad de la luz

Me entristece viajar a la velocidad de la luz.
En tan solo un minuto,
puedo llegar a esa estrella lejana
donde abundan las piedras preciosas
que harán realidad tu deseo.

Me entristece, porque cuando yo regrese, te habrás ido.

Habrán pasado ochenta años.

Te habrás largado al más allá, sin esperarme,
como en unas vacaciones sin retorno.

Sé que no volverás. Nadie vuelve.

O quizá estés aquí, hecha una pasa,
con algunas cirugías plásticas.
Incapaz de reconocerme.

Pero yo tengo el secreto.

La piedra, que podría salvarte.




sábado, 18 de junio de 2016

Los sueños de los robots

 Los robots del futuro, a veces deciden no hacer nada.

Se quedan sentados, inertes, mirando la pared, 
en blanco.
Y sin embargo solo piensan en fantasmas,
en mujeres, por ejemplo, 
como si ellos, hubieran sido personas antes,
de un tiempo pasado donde los seres y las máquinas compartían las camas,
chirriantes.

Sienten en realidad, que ellos han sido otros.

Desean llegar al cielo de los hombres,
que está prohibido para ellos.
 Deberán pasar aquí largo tiempo.

 Quién fuera robot, sueñan los fantasmas.









Mi manual de instrucciones

Tengo que escribir mi manual de instrucciones,
por si acaso algún día te atrevieras a adoptarme.

Un manual sencillo,
para que me desenvuelvas sin complicaciones.
 A veces, el celofán, me aprieta demasiado.
No me deja respirar.
Quítamelo.

No sé quién existe tras mis plásticos,
pero con unos ojos podré verte.
Ponme unos labios también.

Dame migas de leche,
como a esos gorriones caídos,
y que mueren, en cuanto uno se los lleva a casa.
Despiértame del letargo.
Ponme una pila, o dos si es necesario.

Mira en la letra pequeña, en el apartado de hacer feliz.

La novia futura

En algún lugar del país, quizá en Mandril, vive la novia futura.

Existe, pero es como si no existiera.
Intangible,
debe estar lavándose los dientes, en este preciso momento.
Constituida de neutrinos inestables,
podría desaparecer en cualquier instante.

Desde aquí es imposible verla, pero creo que tiene cara de nebulosa.
Se apellida incertidumbre.
Por lo demás, desconozco su nombre.









viernes, 17 de junio de 2016

En el planeta platónico

 Despegan cohetes a diario hacia el planeta platónico.

Cosmonautas que arriesgan sus vidas por llegar al cielo,
suben los últimos escalones antes de escapar del mundo.

Saludan a los espectadores,

y prometen que volverán con un ramo de flores que nunca muere.

Dicen que allí vive un hombre como yo.

En ese lugar donde las cosas no se quiebran,
donde nadie sangra,

donde el tiempo se ha detenido,
y ya no envejece. 

Si alguien llegó allí alguna vez, nunca volvió.
Quizá porque se encontraban demasiados cómodos, comiendo pistachos,
amando.
¿Por qué iban a volver?

Quizá porque nunca existió.






De repente sucedió

De repente ha sucedido.

Puedo caer de espaldas, a cámara lenta.
Sin peligro alguno.

Me puedo entregar sin reservas, si quiero, a salvo de la amenaza constante
del gran afanador, siempre dispuesto a robarme el tiempo.

Ser más leve.

Quitarme las gafas monocromo, con las que nací,
y ver alguna de esas cosas de la realidad, que existen,
pero que nadie ha visto,
y que siempre pasan desapercibidas.

Saber que por más que empujen a Nuestra Señora al rio,
nunca podrá ahogarse. 

Uno, porque sabe nadar.
Dos, porque tiene branquias.
Tres, porque aunque nadie lo sepa, es producto de este tiempo.












jueves, 16 de junio de 2016

Yo tuve una micronovia

Yo tuve una micronovia que me duró cuatro días.
Llegó de la nada y se materializó en persona.
Yo fui testigo de mi propio asombramiento.

Pedí a los dioses, lo juro, un regalo.
Es muy peligroso hacerlo, los dioses siempre cumplen. 

Y cuando estaba en el pico más alto de la estadística,
en pleno romance, 
de repente, se me convirtió en espuma.

Creo que fueron las palabras, las mías,
las que acabaron burbujeando su cuerpo de jabón.

Se hizo pompa.

Y se elevó a lo cuántico, a lo etéreo de nuevo, de donde vino.
Como si se hubiera largado al más allá.

Yo me quedé aquí.
En el más acá.
En plena efervescencia. 

Mirando a las burbujas de jabón centelleando en el firmamento.







miércoles, 15 de junio de 2016

Hubo un día que tuve una lectora, pero se fue.
Me dijo adiós plácidamente.

Y ahora escribo a nadie, aunque no sé si eso es posible.

Quizá a los hombres del futuro, cuando les llegue esta carta,
para que sepan que un día existí. Que pasé la vida dando vueltas en la noche,
alrededor del fuego. 
Quizá escriba a una mujer, que todavía no existe, que todavía no tiene ojos, ni piel, ni labios.

Hay días que miro bajo mi cama, por si acaso se estuviera allí formando,
en una masa informe de espuma,
como en esas películas de seres de otros mundos que llegan como semillas desde el espacio.

Vale, no está, fue una fantasía,

pero ahora que sé como se comporta el azar, me quiero enamorar de él,  el signo de lo más democrático,
inclusivo,
con su dedo mágico, al que yo quiero tanto. 










 



La casa que quiero

 La entrada es como una espiral que me arrastra, e inmediatamente ceso de envejecer.
Abro el cuaderno fantástico, y encuentro a las mujeres que he amado
siempre dispuestas a emborracharse conmigo.
Mantenemos interminables discusiones sobre lo personal y lo político,
y al fina,l siempre acabamos en mi cama, la del muelle,
que me recuerda mi breve existencia.

Allí no existe el tal dios, pero hacemos magia.
Las delicias me esperan, me acechan, y yo me dejo atrapar. 

Dejo de sentirme herido por la dopamina.
Siempre hay cosas que hacer.
Los recuerdos sobreviven al flujo imparable de lo borroso.

Se me dispara la inteligencia. El conocimiento brota de mis poros.
Mi boca deja de tartamudear. Ya no existe la indecisión.

Todo es más fácil. Se agota el cansancio.
Soy leve.
Frágil.
Indestructible.
Si me rompiera en miles de trozos, me recompondría al instante. 

Puedo quedarme mirando horas a una compañera salida de un cajón,
sin sentir el aliento del gran afanador que me roba el tiempo.
Me gusta ver como hace sus cosas, mientras mis dedos se mueven solos.

Hermética, a prueba de bombas nucleares, llegará al futuro.
Abriré la puerta.
Donde me están por fin esperando.






lunes, 13 de junio de 2016

Recuerdos desde el más acá

Quisiera volver a pensar.
Escribir panfletos ilustrados con monigotes dibujados por mí mismo.
Cambiar el destino del mundo, ahora que todavía estamos a tiempo.
Que el porvenir aparezca, esta vez de verdad, y los niños futuros dejen de ser sombras,
y comiencen a tener cuerpo.

Lo intento.

Pero es que una violonchelista tocó unas notas
que yo solo oigo,
y como envuelto en el sueño, a pesar de todas mis resistencias y cautelas,
abrí los ojos en la otra orilla del rio Jordán,

a un solo paso de la tierra prometida.

Durante algunos días se me abrieron sus puertas.
Me paseé por sus calles inquieto e inseguro, la verdad.
Se me derramó el café de inmediato.
Fui invitado a dulces.
Me perdí en la espesura de sus bosques de frutales.

No sé como sucedió. Quizá fue mi risa.
Pero de repente me encontré de nuevo en el gran Mandril,
muy asombrado.

Todavía me falta el aire.
Parecía todo tan real.

Lo más sólido que guardo son unos pocos recuerdos, muy intensos,
pero temo que en cualquier momento puedan ser arrastrados a lo difuso.





domingo, 12 de junio de 2016

He visto muchas veces la tierra prometida.

Sé que existe,
pero Jahvé me castigó por contar chistes bastante malos, la verdad,

 y eso es imperdonable.

Tiraría de la barba de Jahvé si es que existiera
para saber quién se oculta detrás de él.
Yo creo que una broma.

En definitiva,

no puedo atravesar el rio Jordán.
Siempre crece a mi paso,

y yo, no sé nadar.