lunes, 3 de abril de 2017

Carta a una mujer del Ártico

Cien años de diferencia de edad, no es nada,
veinte mil kilómetros, qué importan.

Que usted viva en el Ártico
y yo en una remota isla de la Polinesia,
no debería  separarnos.

Qué más da que no me quiera,
que no sienta el menor deseo por mí.

Que se haya atrevido a escribirme, sé reconocérselo.

Apenas importa que se vea a quilómetros su desgana,
que a sus palabras les falte la inercia del juego.
Usted que me escribe, claro, por algún motivo,
pero no sé muy bien el por qué,

y sin embargo se despide todos los días con un beso.







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